Hoy no es fiesta y yo no tengo clase. He llegado a casa, he duchado al perro, he cargado el mp3 y he ido a dar un largo paseo con mi perro (con olor a melocotón). El sol me iluminaba los pocos senderos con pinta de “campo” que al arquitecto se le había olvidado construir, entre las casas de los ricos de mi barrio.
Ya hacia el final del paseo, volvimos por la calle principal y pasamos por delante de un bloque de mínimo 30 pisos. Pero la cuestión no está en la altura del edificio, sino en lo que tenia delante.
La propiedad de ese bloque incluía una pequeña franja de césped y arbustos que se prolongaban hasta casi la mitad de la acera. El césped era verde y bien florecido. Los arbustos justo volvían de la peluquería. Cualquier persona se sentaría allí para descansar y tomar el sol. Pero mi perro no podía. Lo ponía un cartel.
Perros no
Es obvio que no era la primer vez que veía un letrero de prohibición para perros, pero esta vez fue diferente. Caminando caminando la correa pegó un buen estirón. Mi perro se había parado al lado del césped, petrificado, y no contemplaba moverse de ninguna de las maneras. Él quería disfrutar de ese césped para olerlo y que le haga cosquillas en la nariz; para pisar sus suaves hojas y no sufrir por las piedrecitas de la acera y sus desperfectos; para que alguna mariquita asustada salga volando, y mi perro se asuste más que ella...
Y todo ésto no lo podía hacer. Porque yo no se lo permitía. Porque un cartel no me permitía que se lo permitiese. Entonces me dí cuenta de cómo nos comportamos los humanos, que nos hemos llegado a creer la raza más poderosa de todas.
El humano por encima de todo
A veces olvidamos que somos animales y no nos damos cuenta de que nuestros parientes más lejanos los vemos encerrados en los zoos. Cómo entre animales, miembros de un mismo reino, podemos llegar a prohibirnos cosas los unos a los otros. Y no sólo pasa con los animales domésticos o cualquier otros, entre nosotros también.
Un ser un humano no le permite a otro ser humano gritar, bailar o cantar en la calle para expresar sus ideas y inspiraciones.
Un ser humano no le permite a otro ser humano casarse con el amor de su vida sólo porque comparten maquinilla de afeitar.
Un ser humano no le permite a otro ser humano hablar de según qué en según dónde.
No me refiero a temas de educación, o de moral o de fe, son los instintos básicos y necesidades naturales las que ya quedan aplacadas por otros iguales a ti.
Así que arrastré a mi perro hasta que desistió y volví a casa sintiéndome la peor ama del mundo. Me habían prohibido alegrarle el paseo a Lupo. No quiero hacer una charla sobre el mundo, las injusticias entre humanos o la arquitectura urbana. Sólo quería escribir. Ésta noche volveremos a ese césped con Lupo, y disfrutaremos de él cuando nadie nos vea. Pero es un secreto, vale?
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